Frases Nadaístas De Amor

Las frases nadaístas son aquellas que tienen un tono provocador o contestatario hacia el orden establecido por la sociedad. En el contexto del amor, el nadaísmo recupera la esencia corporal de este sentimiento en contraposición de la visión mojigata de la iglesia, la sociedad burgués y las instituciones.

Es frecuente asemejar el movimiento nadaístas con la filosofía nihilista. Esta última se enfoca en desmeritar el valor de todas las creencias y de todo aquello que existe, cayendo en este “todo” la religión, el amor, la moral, la política, entre  otras cosas.

El nadaísmo en cambio, es solo un movimiento de provocación, se opone a la moral y a las costumbres arcaicas de la sociedad, pero no le resta importancia al amor. Todo lo contrario los enalteces. Un eslogan del nadaísmo podría ser: “Nada, tan solo el amor”.

La primera frase nadaísta de amor que compartimos, nos indica que un amor es completo cuando unimos lo carnal con lo espiritual.

El amor, esa fusión, no es un divorcio del cuerpo y el espíritu, sino sus bodas. No existe el amor carnal y el amor ideal. Tales prejuicios son aberraciones simbólicas de la moral.

La muerte, la soledad y todas las tribulaciones que padece el ser humano en su existencia son la nada torturante. Lo único que lo puede sacar de la ruina de la existencia es el amor, ese sería su triunfo:

El auténtico amor, el puro amor, es la apoteosis de cuerpo y alma reconciliados en la unidad viviente de dos seres triunfando sobre la muerte, sobre la soledad, en el exilio de la tierra.

frases nadaistas de amor
frases nadaistas de amor

Ahora, les comparto una serie de frases, escritas por Gonzalo Arango, el fundador del movimiento nadaísta. En ellas se puede leer el descontento del escritor por la realidad de la sociedad.

En la siguiente frase, Arango entra en un juego de atacar su propia creación. Nada, ni siquiera el nadaísmo le trae satisfacción.

Cabe aquí mencionar, que el nadaísmo fue destruido por su propio creador. Era el final idóneo para ese movimiento que argumentaba ir en contra del orden establecido. Así pues ni el nadaísmo pudo sobre vivir así mismo. Había que negarlo todo.

Por otra parte, se puede leer que el mismo autor reconoce la influencia que la filosofía nihilista tuvo sobre las bases y desarrollo de su movimiento.

Me di cuenta que todos los relojes de mi patria marcaban a toda hora la hora del dolor y de la sangre, y que mi viejo lenguaje nihilista no servía siquiera para soñar un sueño.

Renunciar al éxito profesional es una de las ideas románticas del nadaísmo. Lo único que reconocí como triunfo además del amor era el fracaso. Que el lector tome esta idea del fracaso con pinzas. Es solo una abstracción, casi que una frase poética y en ningún momento una idea que se recomiende llevar a la práctica. El autor escribió  la siguiente frase desde la comodidad que le brindaba venir de una familia “acomodada”.

Nos retiramos del juego de las dignidades profesionales y las fáciles victorias… nos retiramos del juego antes de que nos ganaran lo último que nos quedaba: el fracaso. Este fracaso era nuestra única riqueza, nuestra fuerza, y de él partiríamos hacia nosotros mismos, hacia las lejanías, al encuentro de un destino.

Más tintes existencialistas y nihilistas en las dos siguientes frases nadaístas. Esta vez un poco más directas y contundentes:

¡La vida es una sucesión de casualidades, y nada es verdad! Solo la muerte existe.

la segunda:

La muerte existe solamente en el hombre: por eso no muere el mar, no muere el rio, no muere el árbol, no mueren las estrellas. Solo muere el hombre, porque “sabe” que muere.

Ahora, una frase para aquellos que pasan por esa sensación de no saber hacia dónde van. A veces ocurre que sentimos que nuestra relación amorosa no va para ninguna parte. Tal vez, la raíz de este problema no esté en la relación como tal, sino en la naturaleza propia de los actos y de la existencia humana. Hagamos lo que hagamos siempre nos abrazara un sentimiento de futilidad.

El hombre no tiene sino sus dos pies, su corazón, y un camino que no conduce a ninguna parte.

La siguiente frase es ideal para esos momentos en que el final de un amor tan solo nos deja como único tesoro una inmensa tristeza:

frase nadaista triste
frase nadaista triste

La ciudad me salía al encuentro como un ladrón. Pero yo era bien pobre y no tenía nada que perder, salvo una tristeza infinita.

Tal vez no podamos contestar las siguientes preguntas, pero si al menos en algún instante de nuestras vidas, nos las planteamos, entonces o estamos haciendo filosofía o estamos enamorados.

Y la eterna pregunta del policía: quién soy, qué busco, qué hago aquí… Pues si pudiera contestar, imbécil, sería Dios.

Frase de Gonzalo Arango de amor
Frase de Gonzalo Arango

Retomamos el tema amoroso con una frase que refuerza la idea general de que lo único que tal vez le dé sentido a la vida es el amor:

¿Qué es, lo que hace que un hombre se encienda de vida? Cada uno tendrá su respuesta. Para mí, es el amor. Sin el amor, el paraíso no sería sino un corral de manzanas y serpientes.

¿Y tú? ¿Ya pagaste el precio del amor? ¿Ya te lo ganaste?

Un amor se gana como un premio, por merecimientos. Yo he ganado los míos y he pagado el precio de la felicidad y del sufrimiento.

Invito al lector que mire las coincidencias que hay entre la siguiente frase y una que habla sobre “aceptar con despojamiento el destino de romántico desgraciado” que aparece en el artículo de angelitos empantanados.

No llegar es también el cumplimento de un destino.

Por supuesto que de un nadaísta no podemos esperar ni ideas ni comportamientos ceñidos a la moral:

No espero nada de los hombres, y no soy un santo para que se esperen de mí esas grandes sosas morales como la nobleza y el valor.

Si nada tiene sentido; ¿Qué papel juega Dios en la existencia humana? Buena pregunta, que deberá responder cada uno. Tal vez alguien dirá, que como el autor de estas frases reconoce el amor como la única salvación, se puede concluir que Amor y Dios vienen a significar el mismo concepto.

Ya Dios no era responsable de mí, sino yo mismo, y la libertad resultaba una responsabilidad tan pesada como una cruz: con ella podía salvarme o condenarme.

En el artículo donde tratamos la tristeza que hay en el libro “bajo las ruedas” hay una frase que nos habla sobre un mundo donde no cuentan los exámenes ni los éxitos.  Esa frase es muy similar a la siguiente:

Mi sencillez es una enorme riqueza que consiste en despojarme de todo, para ser yo mismo. Esto vale por todas las consagraciones. Las medallas, los diplomas y las chequeras oprimen mi alma hasta la muerte.

 ¿Cuántas veces el enamorado no le dice a su amada que ella es la razón de su existencia? leamos esto mismo, pero con las palabras poéticas de Gonzalo Arango:

Tú eres mi salvación aun siendo mi dolor, que gracias a ti es un dolor de estar vivo. Dolor tan poderoso y animal, tan salvaje como mí dicha en tus brazos.

A continuación el paroxismo de la tristeza:

Tengo ganas de llorar o de pegarme un tiro. En vista de que no tengo revólver, me meto en la cama con una botella de aguardiente, y abro la ventana. Me sirvo un trago y digo en dirección a la noche: “por ti, pobre alma mía”.

Los poetas nadaístas no creen en ese amor perfecto sin celos. ¡Pamplinas!, Así como no se debe apartar el cuerpo del amor, tampoco se debe huir de ese dulce e interesante sentimientos de los celos:

No creo que el amor exista si no paga su tributo a los celos, esa punzada fascinante y secreta que hace las veces de centinela del corazón.

No se confundan, el nadaísmo no era una corriente pasiva, todo lo contrario promulgaba la provocación. Era un movimiento que buscaba “zarandear la fe y tambalear el trono de los ídolos”:

Donde anida la indiferencia y la quietud, allí ronda la muerte.

Todo el mundo tiene planes, sobre todo cuando se acerca el año nuevo. ¿Qué planes le quedan a un nadaísta cuando incluso su movimiento se ha consumado? Espero que tenga planes amorosos, de lo contrario tiene un porvenir muy oscuro.

¿Qué haré de mi vida este año? La pregunta es dramática, pero más dramática es aún mi indiferencia por el porvenir. Me siento abatido por una inercia infeliz, embrutecido.

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